Quienes viven con gatos suelen aprender, casi sin darse cuenta, a interpretar un idioma sin palabras. Una cola levantada al entrar a una habitación, unas orejas que de pronto se desplazan hacia atrás, los ojos entrecerrados mientras descansan cerca de nosotros o ese cuerpo pegado al suelo segundos antes de lanzarse sobre cualquier cosa que se mueva.
Durante mucho tiempo se popularizó la idea de que los gatos eran animales distantes, difíciles de interpretar y mucho menos interesados en las personas que los perros. La investigación científica de las últimas décadas ha ido desmontando parte de ese estereotipo. Los gatos poseen una vida social y emocional compleja y utilizan el rostro, los ojos, las orejas, la cola, la postura corporal, las vocalizaciones y hasta la distancia que mantienen con nosotros para comunicarse.
La clave está en aprender a observarlos.
No basta con mirar la cola
Uno de los errores más comunes al interpretar a un gato es atribuir un significado universal a un solo gesto: “mueve la cola porque está enojado”, “enseña la barriga porque quiere que lo acaricien” o “tiene las orejas hacia atrás porque tiene miedo”.
El lenguaje felino funciona mejor cuando observamos el conjunto del cuerpo y el contexto.

Un gato relajado, por ejemplo, puede presentar músculos distendidos, postura cómoda, orejas en posición neutral y ojos parcialmente cerrados. En cambio, ante algo que percibe como amenazante puede modificar simultáneamente su postura, orientación de las orejas, pupilas, cola y distancia respecto del estímulo.
Incluso una misma postura puede tener significados diferentes dependiendo de lo que esté sucediendo alrededor.
Ocho señales que vale la pena aprender a reconocer
- Cola vertical: suele ser una señal amistosa y de disposición al contacto. Una investigación sobre la función social de esta postura encontró una asociación entre la cola levantada y comportamientos afiliativos entre gatos.
- Cuerpo encogido o pegado al suelo: puede aparecer ante incertidumbre, temor o durante una conducta de acecho. El contexto permite distinguirlos.
- Espalda arqueada, pelo erizado y cuerpo que intenta parecer más grande: generalmente indica un estado defensivo frente a una amenaza percibida.
- Orejas orientadas hacia atrás o lateralmente: pueden indicar incomodidad, miedo, tensión o una elevada atención al entorno. No deben interpretarse aisladamente.
- Orejas hacia delante y cuerpo relajado: suelen acompañar estados de curiosidad o tranquilidad.
- Pupilas muy dilatadas: pueden aparecer por excitación, juego, miedo o condiciones de iluminación. Por sí solas no nos dicen qué emoción experimenta el animal.
- Mostrar el abdomen mientras está relajado: puede ser una extraordinaria señal de confianza. Pero confianza no significa necesariamente “acaríciame la barriga”.
- Postura baja, mirada fija y movimientos calculados: probablemente estamos viendo activarse una conducta de caza o juego predatorio.
Y hay una señal especialmente interesante que la ciencia ha estudiado: el parpadeo lento.
Cuando tu gato te “sonríe” con los ojos
Seguramente lo has visto. Tu gato está tranquilo, te observa y lentamente entrecierra los ojos hasta casi cerrarlos.
Un estudio publicado en Scientific Reports en 2020 examinó precisamente este comportamiento. Los investigadores realizaron experimentos de interacción entre gatos y personas y encontraron evidencia de que las secuencias de estrechamiento de los ojos —lo que conocemos como slow blinking o parpadeo lento— cumplen una función positiva en la comunicación entre gatos y humanos. Los gatos mostraron mayor tendencia a realizar estos movimientos cuando las personas también los hacían y fueron más propensos a acercarse después de esta interacción.
Así que la próxima vez que tu gato esté relajado mirándote, puedes probar algo sencillo: míralo suavemente, entrecierra despacio los ojos y vuelve a abrirlos.
No significa literalmente “te amo”, como a veces aseguran los memes, pero la evidencia sí respalda que estamos ante una forma positiva de comunicación interespecífica.
Tu estado de ánimo también puede importar
La comunicación, además, no parece funcionar únicamente del gato hacia nosotros.
Un estudio publicado en Animal Cognition investigó lo que en psicología se denomina referencia social: observar la reacción de otro individuo ante una situación ambigua para obtener información sobre cómo reaccionar.
Los investigadores colocaron a gatos frente a un objeto desconocido y potencialmente inquietante mientras sus propietarios expresaban una respuesta emocional positiva o negativa.
El resultado fue fascinante: el 79 % de los gatos alternó la mirada entre su propietario y el objeto, y los animales modificaron hasta cierto punto su comportamiento dependiendo del mensaje emocional transmitido por su humano.
En otras palabras, cuando ocurre algo extraño, tu gato puede estar mirándote no solamente porque estás allí. Puede estar buscando información en ti.
¿Los gatos realmente se encariñan con nosotros?
También existe evidencia interesante al respecto.
Investigadores de Oregon State University estudiaron el vínculo entre gatos y cuidadores utilizando una prueba empleada para analizar patrones de apego. El trabajo, publicado en Current Biology en 2019, encontró que una proporción importante de los gatos estudiados mostraba un patrón de apego seguro hacia su cuidador.
Esto significa que la imagen del gato doméstico como un animal que simplemente tolera al humano porque este le proporciona comida resulta demasiado simplista.
Muchos gatos utilizan a sus personas como una fuente de seguridad.
Y esto puede ayudarnos a comprender comportamientos cotidianos aparentemente insignificantes: buscarnos cuando sucede algo extraño, dormir cerca de nosotros, recibirnos con la cola levantada, acompañarnos de una habitación a otra o simplemente elegir descansar donde puedan mantenernos a la vista.
No todos los gatos demostrarán ese vínculo de la misma manera.
Cada gato tiene personalidad
Aquí aparece quizá la parte más importante para quienes compartimos la vida con ellos: un diccionario de lenguaje corporal felino nunca debería utilizarse como una tabla rígida de traducción.
“Cola así = feliz”.
“Orejas así = enojado”.
“Pupilas así = miedo”.
Los gatos tienen diferencias individuales, experiencias previas y maneras particulares de reaccionar. Además, una postura corporal nos habla principalmente del estado inmediato del animal y de su nivel de activación o comodidad; determinar exactamente qué “siente” requiere considerar el contexto.
Por eso, la mejor herramienta para comprender a un gato sigue siendo la observación.
¿Qué estaba sucediendo antes de que cambiara su postura? ¿Entró una persona desconocida? ¿Escuchó otro animal? ¿Estábamos acariciándolo? ¿Estaba jugando? ¿Tiene posibilidad de alejarse? ¿El comportamiento apareció repentinamente cuando nunca antes lo hacía?
Con el tiempo comenzamos a reconocer el vocabulario particular de cada uno.

Escucharlos también significa respetar sus límites
Comprender el lenguaje corporal felino no es solamente una curiosidad. Tiene implicaciones directas sobre su bienestar.
Un gato normalmente comunica incomodidad antes de llegar a arañar o morder. Puede apartar la cabeza, tensar el cuerpo, modificar las orejas, mover la cola, intentar alejarse o incrementar progresivamente sus señales.
Si esas señales son ignoradas, puede necesitar hacerlas más evidentes.
Por eso una buena relación con un gato no consiste únicamente en darle cariño. También significa permitirle decir “no”.
Dejar que se acerque. Permitir que se retire. Reconocer cuándo quiere jugar y cuándo quiere descansar. No obligarlo a permanecer cargado. Proporcionarle escondites y lugares elevados. Y prestar atención cuando su comportamiento habitual cambia.
Un cambio marcado y repentino —esconderse continuamente, volverse agresivo, dejar de interactuar, cambiar sus hábitos de alimentación o aseo, vocalizar de manera inusual— tampoco debe interpretarse simplemente como un “estado de ánimo”: puede ser señal de dolor, estrés o enfermedad y justificar una evaluación veterinaria.
Quizá nuestros gatos llevan años hablándonos
La ciencia del comportamiento felino todavía tiene mucho por descubrir. De hecho, sabemos considerablemente más sobre la cognición social de los perros que sobre la de los gatos, algo que los propios investigadores han señalado.
Pero lo que sabemos hasta ahora resulta suficiente para cambiar nuestra manera de mirarlos.
El gato que levanta la cola cuando nos ve, el que entrecierra lentamente los ojos desde el sofá, el que nos mira cuando escucha un ruido desconocido y el que decide acostarse cerca de nosotros están proporcionando información constantemente.
No necesitan palabras.
El cuerpo del gato habla. Nuestra tarea es aprender a observarlo.
Estudios mencionados
Humphrey, T. y colaboradores (2020), The role of cat eye narrowing movements in cat–human communication, Scientific Reports. Consultar el estudio
Vitale, K. R., Behnke, A. C. y Udell, M. A. R. (2019), Attachment bonds between domestic cats and humans, Current Biology. Consultar el estudio
Merola, I. y colaboradores (2015), Social referencing and cat-human communication, Animal Cognition. Consultar el estudio en PubMed
Cafazzo, S. y Natoli, E. (2009), The social function of tail up in the domestic cat, Behavioural Processes. Consultar la referencia científica

